El ambiente del restaurante era cálido, sofisticado, con música suave de fondo y el murmullo constante de conversaciones discretas. Las luces tenues colgaban desde el techo de madera, iluminando con elegancia cada rincón. Alejandro se levantó de la mesa con una sonrisa educada.
—Si me disculpan un momento, iré al baño —dijo, mirando a cada empresario con cortesía.
Todos asintieron sin dejar de beber sus copas de vino ni perder la concentración en la conversación sobre inversiones, fusiones y es