El cielo se vistió de gris, como si la propia naturaleza se negara a sonreír en un día tan oscuro. Las nubes pesaban como plomo sobre las cabezas de todos los presentes, y el aire era denso, casi inmóvil, como si incluso el viento guardara respeto por lo que estaba a punto de ocurrir. Una bruma suave se extendía entre los cipreses del cementerio, envolviendo el lugar en una tristeza muda, casi fantasmal.
La tierra, húmeda por las lluvias de la madrugada, despedía un olor a barro fresco que se m