– “Perdón entre ruinas”
El sonido de la arena golpeando el ataúd era como una sentencia cruel, como si el universo se empeñara en sellar la tragedia. Cada puñado de tierra que caía hacía retumbar el corazón de Marta, quien no pudo soportar más el peso del momento. Su pecho se comprimió en un grito ahogado, y con un sollozo profundo, se llevó las manos al rostro y murmuró:
—No… no puedo seguir aquí…
Y sin esperar a que alguien le respondiera, se giró y salió corriendo, tropezando con el terreno