Alejandro se cruza de brazos y suspira, mostrando un leve destello de comprensión en su mirada.
—Sé que suena como una locura, Camila, y no te culpo por pensarlo. Pero, créeme, esto no es un juego para mí. La vida que llevo no es fácil, y tener una esposa "por contrato" no es precisamente normal, lo sé —admite, en un tono más relajado—. Pero esto puede ser un acuerdo donde ambos ganemos algo.
Camila lo observa, todavía escéptica, pero también intrigada. La incertidumbre se refleja en sus ojos.