“La noticia que quebró el alma”
La puerta de la mansión Ferrer se abrió con un chirrido sordo, casi como si la casa misma presintiera la oscuridad que se colaba tras sus muros. Alejandro, Andrés y Carlos cruzaron el umbral en completo silencio, arrastrando consigo un aire sombrío que impregnó el ambiente con una pesadez insoportable.
Isabela los esperaba en la sala, de pie, con las manos entrelazadas al frente y una expresión de ansiedad dibujada en su rostro. Apenas los vio, su mirada se posó