Margaret caminaba de un lado a otro en su habitación. Sus tacones resonaban contra el piso de mármol, marcando el ritmo acelerado de su respiración. Miraba el reloj una y otra vez, frustrada por el silencio de su teléfono. ¿Por qué Álvaro no la había llamado aún?
La inquietud crecía en su pecho, haciéndola apretar los puños. La noche estaba avanzada, y aún no tenía noticias sobre Alejandro ni sobre Camila. Tenía que saber qué estaba pasando.
En ese momento, su teléfono sonó. La pantalla iluminó