Entre la vida y la muerte
Alejandro sostenía a Camila entre sus brazos, con su mano temblorosa presionando la herida para evitar que siguiera perdiendo sangre. Su rostro estaba empapado en lágrimas y su cuerpo temblaba de desesperación.
—¡No te duermas, Camila! —¡Ábreme los ojos, por favor! —le suplicó, su voz quebrada por el miedo.
Adrien, que conducía a toda velocidad rumbo al hospital, observaba la escena desde el retrovisor con el corazón hecho un nudo. Su puño se cerró con fuerza sobre el