Camila abrió lentamente los ojos, su visión borrosa por el cansancio y el calor que la invadía. Miró alrededor, desorientada, y vio una silueta masculina junto a la cama. Su corazón se aceleró y, sin pensar, sus labios pronunciaron un nombre que había intentado olvidar.
—¿Eres tú, Alejandro...? —su voz sonó débil, casi como un susurro—. ¿Viniste por mí...?
Adrien frunció el ceño. Se acercó y la observó detenidamente.
—Soy yo, Valentina —respondió con suavidad—. Soy Adrien.
Camila parpadeó varia