Camila cerró la puerta de su habitación y apoyó la espalda contra ella. Soltó un suspiro profundo antes de quitarse los zapatos y dejarlos a un lado. Caminó hasta su pequeña cama y se dejó caer sobre el colchón con la mirada perdida en el techo.
—Ese hombre… me confesó que le gusto —susurró para sí misma, sintiendo su corazón latir con fuerza.
Se llevó las manos al rostro y cerró los ojos, intentando calmar la tormenta de emociones que la envolvía. Pero era inútil. La imagen de Alejandro invadi