Margaret se acercó lentamente a Alejandro y deslizó sus manos alrededor de su cuello, sosteniéndolo con suavidad mientras lo miraba fijamente a los ojos.
—Alejandro, quiero que intentemos ser una familia de verdad. No quiero que estés conmigo solo por compromiso o por nuestro hijo. Quiero que te sientas feliz a mi lado, que encuentres en mí a la mujer con la que puedas compartir tu vida… No quiero que me veas solo como la madre de tu hijo, sino como tu esposa, tu compañera.
Su mirada reflejaba