La voz detrás de la puerta hizo que Emma entrara en pánico.
Sin saber qué hacer, corrió a esconder los documentos falsos y el dinero que Rodrigo guardaba en la cabaña.
Los golpes se volvieron más fuertes y la voz volvió a escucharse.
—¡Abra la puerta! ¡Necesitamos hablar con
usted!
Emma, temblando, se acercó a una pequeña rendija de la ventana y observó con cuidado.
Para su sorpresa, no eran policías ni agentes de la Interpol.
Se trataba de un guardabosques acompañado por un vecino de la zona,