—¡Cállate! —saltó Martín, con la voz temblando
Rebeca soltó una risita
—Me llevaste a tu casa sabiendo que a ella no le gustaría —dijo— ¿de verdad pensabas que iba a ser feliz viéndome ocupar su lugar? te lo dijo muchas veces, pero tú preferiste ignorarlo, convencido de que eran solo celos, y lo peor es que ni siquiera te esforzaste por disimular
Martín tragó saliva, sintiendo cómo el dolor se le hacía más pesado
—Tú me sedujiste —alcanzó a decir, casi en un susurro— tú insististe en todo esto