Martín apretó la tablet con fuerza. El último video había terminado, pero las imágenes seguían en su mente.
El video mostraba el dormitorio, con una luz tenue. Melanie estaba arrodillada, llorando. Su ropa estaba rota en un hombro. Martín, en la pantalla, parecía un extraño, enfadado y con los puños apretados.
—¿Dónde está el collar de mi madre? —gritó su voz en el video.
—No lo tomé, te lo juro —respondió Melanie, llorando—. Revisa otra vez, por favor.
—¡Mientes! —dijo él—. Rebeca dijo que lo