Martín apretó la tablet con fuerza. El último video había terminado, pero las imágenes seguían en su mente.
El video mostraba el dormitorio, con una luz tenue. Melanie estaba arrodillada, llorando. Su ropa estaba rota en un hombro. Martín, en la pantalla, parecía un extraño, enfadado y con los puños apretados.
—¿Dónde está el collar de mi madre? —gritó su voz en el video.
—No lo tomé, te lo juro —respondió Melanie, llorando—. Revisa otra vez, por favor.
—¡Mientes! —dijo él—. Rebeca dijo que lo escondiste en tu joyero.
En una esquina, Rebeca miraba, con una sonrisa pequeña y cruel. Cerca estaban los niños, mirando , como si fuera un show.
—Papá va a enseñarle a mamá a no robar —les había dicho Rebeca.
Martín, en el video, seguía preguntando por el collar. Melanie negaba con la cabeza, llorando.
Entonces Rebeca hizo un movimiento rápido y mostró el collar escondido detrás del armario. Martín no lo vio en ese momento, cegado por su ira.
—¿Ves? —gritó—. ¡Eres una vergüenza!
Después, Martí