Mundo ficciónIniciar sesiónLa señal era clara, un ultimátum silencioso.
El rostro de Rebeca se hizo añicos. La confusión se convirtió en un terror que le heló la sangre.
—¿Qué...? No... ¡NO! —grito con la garganta destrozada por el pánico—. ¡Mi nombre es Rebeca! ¡Rebeca! ¡Él es mi esposo! ¡Melanie está muerta! ¡Está muerta! ¿No lo entienden?
Pero los hombres del sanatorio solo veían a una mujer desquiciada, con la ropa hecha trizas, las marcas en el cuello gritando una historia de violencia reciente.
La imagen perfecta de una paciente en crisis.
El del expediente asintió con frialdad.
—Señorita Robles, por favor, no lo haga más difícil. Venga con nosotros ,es por su propio bien.
—¡NO! ¡No soy Melanie! ¡Martín! ¡Por Dios, dil







