Cruzamos el umbral y el silencio duró apenas un segundo…..Justo como lo imagine
—¿Qué diablos es esto? —chilló ella—. ¡Martín!
Martín no respondió y siguió caminando recto, directo, como si nada más existiera….
Pero justo la senti acercarse
—Bájala —gritó—. ¡Despiértate, maldita, bájate de él!
Su mano me cayó encima, brusca, llegó antes de que pudiera reaccionar y me encogí, el quejido se me escapó solo.
—Martín… —murmuré, pegándome más a su pecho—. Me duele…
Abrí los ojos apenas y vi cómo apretaba la mandíbula.
—Rebeca, basta —dijo.
—¡No! —dio un paso más—. ¿Qué demonios haces cargándola? ¡Bájala ya!
Martín se quedó quieto un segundo, luego me miró y trató de bajarme.
—Ve a tu habitación.
Parpadeé lento….
—No puedo… —susurré—, ¿me puedes llevar?
Rebeca estalló.
—¿Me estás jodiendo? —gritó—. ¡Martín, no! No la toques! Está fingiendo!! Es una zorra.
Sentí su cuerpo tensarse, pero no me soltó, el brazo que me sostenía se endureció.
Levanté la mano despacio y se la apoyé en la mejilla, s