Cruzamos el umbral y el silencio duró apenas un segundo…..Justo como lo imagine
—¿Qué diablos es esto? —chilló ella—. ¡Martín!
Martín no respondió y siguió caminando recto, directo, como si nada más existiera….
Pero justo la senti acercarse
—Bájala —gritó—. ¡Despiértate, maldita, bájate de él!
Su mano me cayó encima, brusca, llegó antes de que pudiera reaccionar y me encogí, el quejido se me escapó solo.
—Martín… —murmuré, pegándome más a su pecho—. Me duele…
Abrí los ojos apenas y vi cómo apre