Yo iba a responder, pero todo se detuvo cuando un guardia apareció arrastrando a la empleada por el brazo y la lanzó al piso frente a todos. Ella cayó llorando y temblando mientras él levantó la mochila y mostró el collar.
—Encontramos el collar dentro de su mochila, señor.
El guardia levanta el collar en el aire, la empleada está de rodillas con el uniforme arrugado, la mochila abierta a un lado, llorando…
—Yo no fui… —solloza—, se lo juro, señor, por mis hijos… yo no lo tomé… alguien lo puso ahí…
Martín no se inmuta, mira el collar, mira la mochila, mira a la mujer como si fuera una mancha en el piso, la cara fría, sin una sola emoción…
Rebeca se acerca despacio y se agacha frente a ella con la bata bien cerrada, el pelo mojado cayéndole por la espalda y esa cara de santa en desgracia…
—María… —susurra—, ¿cómo pudiste?… yo confiaba en ti… te dejé entrar a mi cuarto, a mis cosas… ¿Cómo pudiste?…
—Señora, por favor… yo no… —balbucea—, yo nunca le he robado nada a nadie, se lo juro… yo