—Todos sabemos lo que pasó… el collar no estaba contigo, lo encontraron en otro lado, el asunto está resuelto, no hagas más dramas.
—¿Es encerio? —susurro con una sonrisa rota—, cuando pensaron que era yo no les importó eso
—Basta —responde—, está resuelto… no voy a discutir más este tema delante de los niños… no me provoques, Melanie…
Me dan ganas de escupirle en la cara que el que se ve mal es él, no yo… que la que tiene la fama de loca gracias a ellos soy yo…
Se da la vuelta sin esperar respuesta, y la rabia me sube desde el estómago hasta la cara, caliente y espesa, se me clava en la garganta, aprieto los puños sobre las piernas hasta que las uñas se me hunden en la piel, las manos me tiemblan, pero no les voy a dar el gusto de verme perder el control otra vez…
Martín avanza por el pasillo, largo y firme, como si todo lo que acaba de pasar fuera simple…
Los niños pasan frente a mí, Nicolás me mira de arriba abajo con ese gesto frío que aprendió de él.
—Siempre haces lo mismo… —murm