Santiago me entregó el celular temblando un poco y yo lo tomé con firmeza
—A partir de ahora —le dije mirándolo directo a los ojos— vas a fingir que me detestas igual que todos, delante de cualquiera no me hables, no me mires y no me defiendas
Santiago asintió despacio
—Segundo, cuando veas cómo me tratan los niños, Martín o Rebeca, grabas todo sin que nadie lo note
—Sí, señora… —susurró
—Y tercero —me acerqué un poco— voy a necesitar que investigues cosas por tu cuenta en tus tiempos libres, s