Capitulo 14

Santiago me entregó el celular temblando un poco y yo lo tomé con firmeza

—A partir de ahora —le dije mirándolo directo a los ojos— vas a fingir que me detestas igual que todos, delante de cualquiera no me hables, no me mires y no me defiendas

Santiago asintió despacio

—Segundo, cuando veas cómo me tratan los niños, Martín o Rebeca, grabas todo sin que nadie lo note

—Sí, señora… —susurró

—Y tercero —me acerqué un poco— voy a necesitar que investigues cosas por tu cuenta en tus tiempos libres, serán órdenes privadas, ¿entendido?

Santiago tragó saliva

—Sí… lo que usted diga

—Bien —extendí la mano— préstame tu celular por unas horas, baja y si te preguntan di que me trajiste comida

Él me entregó el aparato y salió de la habitación rápidamente cerrando la puerta detrás de él y me quedé sola respirando hondo porque el celular pesaba como si cargara mi propia tumba

Marqué el número del abogado, uno de los hombres en quienes más había confiado

—¿Aló? —respondió una voz grave

Inhalé fuerte

—A
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