Catalina salió de su habitación con una sonrisa en el rostro, tarareando una melodía alegre. La noche anterior había sido un torbellino de emociones, una montaña rusa de sensaciones que la habían dejado confundida y a la vez ilusionada. Pero al despertar, una sensación de optimismo se había apoderado de ella. Quizás, solo quizás, Leonardo estaba cambiando de verdad.
Se dirigió a la cocina, decidida a preparar un desayuno especial para ambos. Quería demostrarle a Leonardo, a su manera, que estab