Don Rafael, por primera vez en muchos años, sintió el frío de la derrota. Cerró los ojos, intentando contener el dolor. No quería que nadie lo viera débil. Había perdido a su hijo. Leonardo, su hijo, el que siempre había sido tan problemático y a la vez tan parecido a él, se había ido. En su mente, Don Rafael ya había aceptado que Leonardo estaba muerto.
Justo en ese momento, se escuchó un ruido suave en la puerta. Don Rafael no le dio importancia. Seguramente era Catalina, quien en esos días s