El sol de la mañana se colaba por la ventana del apartamento, tiñendo la cocina de un dorado suave. El aroma a café recién hecho se mezclaba con el dulzor de las tostadas, pero para Leonardo, el aire estaba cargado con el perfume embriagador de Catalina. Sus labios aún vibraban con la memoria del beso, y la promesa que ella le había hecho resonaba en su mente, encendiendo un fuego que creía haber olvidado.
Se separó de ella, aunque su cuerpo clamaba por quedarse. La mirada de Catalina, llena de