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Cuando en ese momento ella alzó la mano para acariciar la mejilla fue detenida por otra mano fuerte, que la apretaba sin la más fina delicadeza.

—No te atrevas a tocarla — su voz era dura como una roca.- O sufrirás las consecuencias.

—Inuy…

¿Qué? — Interrumpió él de golpe — ¿Te sorprende verme vivo?

Ella asintió sin comprender en absoluto su comportamiento.

—No veo porque. Si tú eres el intelecto todo esto.

—Carl no comprendo lo que estás diciendo.

Anastasia seguía sin comprender su reacción, t
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