El mismo día de la boda, en otro punto del Cornwall…
Estaba en su camarote, es anoche iban a dejar un cargamento para Arlen H., si fuera por él, dejaría a ese perro sin nada. La última vez que se habían visto el muy bastardo les había jugado una mala pasada con esos malditos oficiales.
¿Cómo carajos iba a saber que tenía contacto con oficiales?
Debía andarse con cuidado de él, un día de estos seguramente les tendería una trampa y ahora sí que se les acabaría el negocio.
—Señor — escuchó a Hoyo