Aura observaba a través del cristal de la ventana de su oficina, sentada con su cuaderno en las manos, mientras sus ojos seguían el trayecto de las pocas nubes que adornaban el cielo, con sus manos trazando líneas sin cesar en el papel.
Su mente era caótica, y sus emociones se desbordaban como un río sin cause, chocando como olas sin piedad contra su frágil cordura.
Y los trazos en el papel, eran reflejo de el caos que reinaba en su interior.
Los matices rojos, grises y negros, predominaban en