Fernando abrió los ojos lentamente.
Una luz blanca y enceguecedora lastimó sus ojos, obligándole a cerrar sus párpados de golpe.
Un horrible dolor atacó de repente su cabeza y las náuseas no se hicieron esperar.
Un pitido incesante y sin variantes comenzó a taladrarle los oídos, mientras el olor a desinfectante, alcohol y otros cuantos que no pudo descifrar se colaron por sus fosas nasales.
Un torrente de imágenes difusas se colaron en su mente, aumentando su jaqueca, por lo que no pudo evitar