La sala estaba sumida en un silencio sepulcral, en el que hasta el sonido del aleteo de un insecto era audible.
Lágrimas calientes y silenciosas resbalaban por las mejillas de los presentes, con diferentes sentimientos entrelazandose en cada corazón.
Aura miraba a Bastian con un nudo en la garganta.
Le dolía... Le dolía saber que sus abuelos se habían amado tanto y que la maldita ambición y la más oscura obsesión, los habían condenado a aquel jodido infierno.
Dorian se puso en pie, mientras sus