El ojigris se dejó caer en el columpio y empezó a mecerse despacio, mientras veía la luz del sol en todo su esplendor, iluminando cada rincón del jardín, haciendo que las rosas se abrieran ante su caricia y las mariposas danzaran de un lado a otro, llenandolo de vida y alegría, un cruel contraste con su estado de ánimo.
Habían pasado algunas horas desde que Aura los había reunido a todos y los había puesto al tanto de todo lo que había hablado con Caliope.
Todos estaban furiosos e indignados po