La doctora respiró profundamente antes de dar la noticia. Estaba acostumbrada a enfrentar situaciones como aquella y sabía que, en su profesión, debía mantener la calma incluso cuando las palabras podían destrozar a una familia. Sin embargo, nunca conseguía volverse indiferente ante el dolor ajeno. Bajó la mirada durante un instante, reuniendo el valor necesario para decir aquello que nadie quería escuchar, y cuando volvió a mirar a Marco, su expresión profesional dejaba entrever una tristeza q