Marco llegó a la mansión más temprano de lo habitual. Después de un día en el que su mente había estado ocupada con demasiados pensamientos, no esperaba encontrar la casa con un ambiente diferente al de siempre. Al entrar, notó que el interior permanecía tranquilo, pero desde el jardín llegaban algunas voces y risas que rompían con la habitual calma de la propiedad.
Caminó hacia la terraza y encontró a Adelaide junto a su hermana Sofía y su pequeño sobrino Mateo. El niño corría detrás de una pe