Adelaide abrió los ojos cuando la mañana ya había comenzado a llenar la habitación con una luz suave que se filtraba entre las cortinas. Durante unos segundos permaneció acostada, sin moverse, intentando comprender dónde se encontraba y por qué sentía el cuerpo tan pesado. Poco a poco fue recuperando la conciencia y entonces notó el silencio de la habitación.
Giró el rostro hacia el otro lado de la cama. El espacio junto a ella estaba vacío. Marco ya no estaba.
No era una sorpresa. Él acostumbr