Marco salió de la habitación sin decir una palabra más. La puerta se cerró con suavidad detrás de él, dejando un silencio que Adelaide agradeció. Permaneció unos instantes con la mirada perdida sobre el libro que sostenía entre las manos, aunque ya no era capaz de leer una sola línea. Finalmente lo dejó sobre la mesa de noche, llevó ambas manos hasta sus sienes y las presionó con suavidad. Cerró los ojos y dejó escapar un largo suspiro. Sentía la cabeza pesada, como si toda la tensión acumulada