Katherine estaba enmarcada en la puerta, vestida de manera informal, con el cabello ligeramente desordenado y los ojos abiertos por la sorpresa. Por un momento no habló — solo lo miró fijamente, como si intentara procesar que él realmente estaba allí.
La mirada de Kingsley recorrió su figura, absorbiéndola como un hombre hambriento. Sus ojos se clavaron en los de ella —esos ojos hermosos e impactantes que habían atormentado sus sueños durante meses.
Azul aguamarina. Claros, profundos, infinitos