El dormitorio estaba frío. En silencio.Katherine estaba junto a la ventana, abrazándose a sí misma mientras lágrimas silenciosas recorrían su rostro. Su cuerpo temblaba, no por el aire, sino por el peso de todo lo que acababa de escuchar. Un divorcio. Después de todo. Después de todo lo que habían compartido.Sus dedos se aferraron con fuerza al borde de la cortina mientras miraba el cielo nocturno, parpadeando a través del velo de lágrimas.¿Cómo llegamos hasta aquí?, pensó. ¿Cómo pude ser tan tonta como para creer en un para siempre?Se apartó de la ventana, caminó hasta el borde de la cama y se sentó lentamente. Sus manos, temblorosas, descansaron sobre su regazo. No pudo detener la ola de recuerdos que invadió su mente, llevándola a una noche que parecía pertenecer a otra vida.Era tarde, cerca de la medianoche. El restaurante había cerrado al público temprano esa noche, aunque ella no lo sabía en ese momento.Kingsley le había vendado los ojos en el coche, bromeando con una sorp
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