Las lágrimas se habían hecho en los ojos de Teresa en el momento en que dio con aquel pequeño. Era tan divino, sonreía a sus padres, se divertía con ellos. La ropa que usaba era digna de un hermoso bebé como solo lo sería él.
Poco a poco, Teresa fue perdiendo la noción del tiempo y del mundo a su alrededor. Estaba completamente encantada por aquel pequeño en brazos de Estela y que después pasó a ser de Julio. Él también sonreía junto a su hijo.
Los pasos de Teresa no fueron medidos más. Estaba