Todo estaba dicho. Teresa había tomado una decisión, Emilia seguía moviéndose en sus nuevos negocios, mientras por fin podía sentirse libre. Pero, ¿qué había de Julio?
En la mente de Julio se había quedado claramente la manera en la que su madre Emilia había solo dado su adiós, sin importarle nada.
—Creo que la hora de irnos ha llegado —, dijo Julio al ver a Emilia en la sala de espera bebiendo como siempre lo hacía.
Todo lo que sus ojos podían ver era a un demonio.
—Mi hijo y yo estaremos