Capítulo 32. Mirada rusa.
Arleth.
—Con el busto que te falta, debí lucirlo yo —«calma, Arleth. Es trabajo, no personal» - Las caderas no te ayudan —continúa—. Debe haber mayor volumen para que esta copa...
—De seguro a tí se te vería mejor. Lástima que lo llevo yo —termino por ella. Sonrío dulce e hipócritamente, haciendo que sus ojos retomen fuerza, un color más destellante y una luz fría.
Si van a atacarme, aunque me afecte, no pienso quedarme callada. Los críticos antes que ella me prepararon lo suficiente.