Capítulo 28. Premeditación.
Gavrel.
—Calma, cariño —interviene nuestra madre, suave pero firme—. No conviene dar un mal ejemplo de la paz que se prometió. Y hay que moderar ese tono, Avel. Quien conoce la sangre sabe que provocarla nunca termina bien.
Con sencillamente una mirada, Avel cierra la boca, dejando que el aire se enfríe y la tensión vuelva a acomodarse entre todos los presentes. Vladya se disculpa, repitiendo que no es su interés crear discordia, aunque la rasgadura está hecha.
—Podemos renegar del pasado, más