No podía sacármelo de la cabeza. No era que todo había salido mal, que el señor Young no quisiera trabajar con nosotros. No era eso, era todo lo anterior.
La imagen de Lyn frente a mí, con esa maldita bufanda que no era mía, con el olor de otro hombre pegado a su piel, con esa expresión desafiante que no había visto antes en ella. Me había irritado más de lo que estaba dispuesto a admitir, más de lo que tenía sentido, pero no era solo celos, no era solo orgullo herido. Era algo más, algo que