Al principio sentí un escalofrío, pero no iba a permitir que se diera cuenta que me afectaba, así que solté un bufido disfrazando mi miedo.
—Qué maduro —rodé los ojos —. Un Alfa debería proteger a los miembros de su manada, cuidarlos y estar al tanto de todo, pero que puedo esperar de un Alfa que encierra a uno de los suyos en su habitación.
—No solo eres un miembro de la manada, eso lo sabes bien.
—No —afilé la mirada —. Lamentablemente también solo soy una más de las que ha pasado por tu