Kassidy…
—¡Aaahh! —grité cuando lancé el vaso contra la pared.
El agua que contenía cayó por el suelo.
¡Maldita sea!
Amira se cubrió la cabeza con los brazos al escuchar el sonido del vaso quebrándose y luego me miró.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó —. ¿Por qué estás tan molesta?
—¿Acaso no te das cuenta? —le cuestioné —. ¡No funcionó!
Todo lo que hice. Fingir que había tomado esas pastillas, traer a la doctora y ordenarle que me diera algo para vomitar y que mintiera sobre las pastillas,