Cuando Evangeline finalmente soltó a Samira dentro de la casa, la humana no pudo evitar que las lágrimas empezaran a caer. La pelea entre Evangeline y su padre la había afectado mucho, pero no por la loba, sino por Yimar.
Samira lo conocía bien y sabía que era un licántropo noble, con un corazón generoso. Siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás y proteger a la manada, a su familia. Verlo sufrir en medio de toda esa guerra le rompía el corazón. No merecía pasar por esto, no merecía la dece