El sonido de los golpes no paraba. Alister seguía impactando contra la entrada y había dado la orden para que los demás lobos empezaran a golpear los alrededores. La casa, bastante antigua, se veía en mal estado. Froilán y su Clan eran licántropos de ciudad, así que no la cuidaban como hacían los Valkyria con su casa del bosque. Las paredes temblaban con cada embestida de los lobos y el crujir de las paredes les decía que la casa estaba cediendo, poco a poco.
—¡No podemos aguantar mucho más! —g