Capítulo LXXXIX
Camila
—¿Qué estás diciendo? —susurro, pero mi voz sale rota, temblorosa. Siento la respiración acelerarse, golpearme el pecho como si ya no cupiera dentro de mí.
Agarro a Max del saco, necesitándolo para no caerme. Mis dedos se aferran con desesperación.
Sus ojos… sus ojos reflejan una mezcla de tristeza y preocupación que me atraviesa entera.
Me extiende el sobre. Lo miro un segundo antes de tomarlo; mis manos están temblorosas, casi torpes. Mi cuerpo entero vibra, como si no