Capítulo XXVI
Clarissa
Las paredes me asfixian. Huele a encierro, a humedad, pero también a esa noche. La casa sigue igual… o tal vez no, pero yo la veo como estaba cuando papá vivía aquí. Sus pasos, el rechinar de las escaleras… todavía lo escucho.
La puerta se abre. Mamá entra. Su sombra se alarga sobre el suelo y siento que me traga entera. Mi pecho se sacude, quiero gritar, pero apenas me sale un susurro:
—Mamá…
Su sonrisa me hiela. Se acerca, me toca el cabello y juro que siento las manos