Capítulo LV
Maximiliano
No dormí.
Ni un segundo.
El amanecer entra por la ventana como una burla, demasiado tranquilo para todo lo que llevo encima. El departamento huele a whisky, a humo y a culpa.
Intento cerrar los ojos, pero cada vez que lo hago veo a mi madre y a Gustavo riéndose.
Como si mi dolor fuera un chiste privado entre ellos.
Pienso en mi padre… en lo que debió sentir al descubrir la clase de mujer que tenía a su lado.
Esa mujer nos destruyó.
Primero a él, luego a Clarissa, y ahora