Capítulo LIV
Maximiliano
—¡¿Cómo pudiste, mamá?! —repito, pero esta vez mi voz ya no tiembla. Suena rota, furiosa, irreconocible incluso para mí.
Greta se queda inmóvil, con los labios entreabiertos y la sábana apretada contra el pecho. Gustavo intenta levantarse, pero lo detengo con una mirada. Si da un paso más, lo mato.
—Maximiliano… —balbucea ella—, no es lo que crees.
—¿Ah, no? —le lanzo, la voz cortante—. Entonces explícame qué está pasando aquí.
Greta me mira como si yo fuera un extraño,