La dolorosa verdad

Capítulo CXXXIII

Fernando

Conduzco a mi madre hasta la pequeña sala destinada a las conversaciones privadas. Le señalo el sillón y me siento junto a ella. Mi pecho se aprieta. Sé que lo que estoy a punto de decirle va a destrozarla.

—Mamá… —exhalo despacio—. Tengo que decirte algo, y te ruego que intentes mantener la calma. No será fácil escucharlo, y te pido perdón por no habértelo dicho en cuanto me enteré.

Mi mamá me mira con preocupación. Tomo sus manos entre las mías y la observo, sintiendo cómo la tristeza me pesa en el pecho.

—Hijo, ¿qué pasa? —pregunta sin apartar los ojos de mí, la preocupación pintada en su voz.

Suelto otro suspiro, más pesado.

—Mi tío… no murió como pensábamos —confieso al fin.

Mi madre se queda inmóvil.

Parpadea lentamente, como si su mente no pudiera procesarlo de inmediato.

—¿Qué estás diciendo? —susurra—. Tu tío falleció… fue un accidente, Fernando.

Trago saliva. Siento mis manos cerrarse con más fuerza alrededor de las suyas.

—No, mamá… —murmuro—. No f
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