Capítulo CXXXIV
Camila
Despierto desorientada.
El techo blanco es lo primero que veo y, en cuanto respiro, el olor a desinfectante me golpea fuerte en la nariz. Me revuelve el estómago. Estoy sola… o al menos eso creo, porque mi cabeza da vueltas y el mareo me obliga a cerrar los ojos un segundo antes de volver a abrirlos.
Parpadeo varias veces hasta que mi vista enfoca y entonces lo noto: no estoy sola.
A un lado de la cama está el amigo de Max, sentado en una silla, con el ceño fruncido como