Capítulo CXL
Maximiliano
Camí y yo estamos disfrutando de la cena, pero sería mentira decir que solo estoy atento a la comida. Desde que nos sentamos, mi atención ha estado completamente en ella. En la forma en que sonríe, en cómo juega distraída con la copa entre sus dedos, en ese brillo sereno que tienen sus ojos.
La observo sin disimulo, y no me importa si alguien lo nota. Después de todo lo que hemos pasado, de todo lo que perdimos tenerla frente a mí, así de tranquila, se siente como un regalo que todavía no termino de creer.
El restaurante está lleno, hay conversaciones bajas, risas, el tintinear de los cubiertos… pero para mí, el mundo se reduce a esta mesa, a su voz suave cuando me habla y a la forma en que su mano busca la mía como si fuera lo más natural del mundo.
Acaricio sus dedos con el pulgar, lento, disfrutando ese contacto simple que ahora significa tanto. Camí alza la mirada y me sonríe, y en ese gesto pequeño siento algo acomodarse dentro de mí.
Paz.
No la paz ingen