Capítulo CXLI
Maximiliano
Todo está listo para que hoy mis hijos lleven mi apellido.
La idea me llena de una felicidad difícil de describir.
Camila y yo hablaremos con los niños. Decidimos esperar estos días para contárselo; queríamos hacerlo con calma, en el momento adecuado. Conozco a esos pequeños terremotos y sé que la noticia va a desatar una revolución en casa.
Río en mi interior, solo de imaginarlos.
Estamos desayunando unos deliciosos hotcakes, preparados por Valeria con la ayuda de sus hijas. El aroma dulce llena el comedor y el ambiente se siente ligero, familiar.
Los pequeños aún no me llaman papá, pero sé que ese momento llegará cuando tenga que llegar. No tengo prisa; lo importante es estar, acompañarlos, ganarme ese lugar día a día.
Los escucho hablar emocionados sobre la Navidad. Sus ojitos brillan cuando cuentan lo que le pidieron a Santa en sus cartitas, y no puedo evitar sonreír al verlos tan ilusionados.
Todos sonreímos al escucharlos, contagiados por esa alegría pu